Waloka, ¿Amor? ¿Existe?

Aquí estoy sentada en el tren camino a Paris después de un poco más de 13 hrs. de viaje… finalmente aquí sentada, aterrizando mi imaginario a esta espera de más de un año, cuando nos conocimos, nos juramos amor eterno y ahora de eso no queda más que una profunda y gran desilusión.  
Él no sabe que estoy aquí, no se lo dije porque en realidad esta locura la hago para resolver mi problema; darle cuerpo, piel y olfato a mi imaginario de fotos, a mis imágenes guardadas de skype y así evaluar con eso este sentimiento que me domina: ¿Por qué siento que te quiero y que nos pertenecemos? ¿Por qué extraña razón siento tú cara tan familiar desde el primer día que la vi? 
Tomé la decisión de comprar el pasaje luego que tras semanas de silencio apareciste nuevamente en el chat y  con un par de cruce de palabras me dejaras nuevamente sin aliento y sintiera tú deseo todavía por mí, una conexión atemporal que des-racionalizó mis ganas de dejar todo hasta ahí y olvidarte definitivamente y por el contrario llenarme de ganas de verte y comprar el pasaje.  
La espera ha sido tortuosa, llena de ansiedades y miedos,  pero muchas ganas de llegar, tocar y sentir un nuevo capítulo de mí con cualquiera de sus desenlaces.  
Juan, mi amigo de la universidad me recibió afectuoso en su departamento, será mi apoyo sin él saber lo que vine a vivir, dejé las maletas y me fui a caminar a Montmatre, decidida a escuchar Yann Tiersen desde el mirador bajo la Sacre Cour y desde ahí tomar la fuerza y el coraje suficiente para poder llamarte. 
Bajo hasta un café, todavía un poco dudosa de lo que hago, pero llegó la hora y te llamo, las palpitaciones de mi corazón me ensordecen y tomo agua para calmarme y atiendes:  
  • - Oui 
  • - Aló, Warara? Soy Waloka! 
  • - OuiOui 
Primer intento fallido, la llamada se corta me sudan las manos, pero hago rápidamente la nueva llamada: 
  • Aló? Warara? ¡Soy Waloka! 
  • ¿Waloka?...  ¡Qué sorpresa!  
Un silencio de momento nos bloquea: 
  • - ¿Cómo estás? 
  • - Todo bien Warara, ¡Estoy en París! 
  • - ¿En serio? ¡Uao! 
  • - Sí, aquí estoy finalmente… podríamos vernos y tomar algo, ¿no? 
  • - Si, si… claro, ehhh… uaooo, estoy impactado, ¡tremenda sorpresa! 
  • - Sí bueno, más que sorpresa un encuentro pendiente 
  • - ¿Y cuánto tiempo te quedas? 
  • - 15 días 
  • - ¡15 días!, ¡Muchísimo! 
  • - No pienso sea tanto, hay mucho que conocer aquí... 
  • - ¿Y dónde te estás quedando? 
  • - Con Juan, un amigo de la universidad. 
  • - Waloka, me pillas por sorpresa, al mismo tiempo estoy con muchísimo trabajo, no  si te pueda acompañar estos días de tú visita. 
  • - No te preocupes, yo tengo mis planes, sólo me gustaría nos pudiéramos reunir y tomar algo. 
  • - Me complica todo esto, ¿Por qué no me avisaste? Se supone que esto lo debimos haber planeado entre los dos. 
  • - Porque tú no querías que viniera y entendí que esto ya es un problema mío, un problema que yo quiero resolver, quiero conocerte. 
  • - Sí, claro, ¡yo también! lo malo es que estaré muy ocupado estos días 
  • - Warara, ¿Qué pasa? ¿Qué escondes? ¿Estás con alguien? 
  • - (silencio) Ehhh ¡Sí!, estoy con alguien... 
A pesar que lo sospechaba y sabía que tenía que estar preparada para esto ¡Duele!... siento cubos de hielos en mi espalda y mi pecho. 
  • - ¿Estás enamorado? 
  • - No, ya sabes que tú y yo no nos enamoramos tan fácilmente… 
  • - ¿Por qué no me contaste antes? 
  • - Porque nos dejamos de hablar… yo también te deje de preguntar por tus andanzas 
  • - Sí, pero yo siempre te conté todo, ese fue el trato… 
Un silencio de segundos convertidos en minutos bloqueó la conversación. 
  • - Warara, este es mi número, si quieres verme llámame o déjame un mensaje. Adiós. 
  • - Adiós. 
Siento que veo nublado, me duele un poco el estómago… camino hasta la plaza de los pintores y me siento en la vereda. Observo, miro y pienso y con un profundo aliento me levanto camino al Pompidou. 
Ya en el Pompidou empiezo mi recorrido desde las salas que deje pendientes hace 11 años, mi mente divagó tranquila entre el arte y el intento de arte  que se exponía, estaba ya atardeciendo y me meto a la tienda a fascinarme como siempre de los suvenires de los museos. Reviso mi teléfono y no hay ni llamadas, ni mensajes.  Al rato Juan aparece en el teléfono: 
  • - ¡Waloka! Ya salí de clases, ¿Dónde estás? 
  • - ¡Hola!, excelente estoy saliendo del Pompidou 
  • - Bien, vente para la casa, vienen unos amigos.  
  • - ¡Perfe!, en 20 minutos estoy allá. 
Fue una noche clásica de vinos, quesos, egos, viajes y buena onda. Supe que ya era hora de acostarme cuando uno de los amigos se encariño más de la cuenta, el vino se alineó con mi día extraño y las horas de diferencia que cargaba en el cuerpo me hacían sentir un gran peso en  mis ojos. 
Día 2: Sin mapa y bicicleta salí a recorrer París entorno al Sena, bordeando hitos, admirando el circuito con el viento helado en mis mejillas, avance lo más que pude hasta que mi estomago pegaba alaridos por comer algo, me senté en un café y con cerveza en mano me puse a revisar mensajes: de mis amigos 5, familia 3, Warara 0. Me distraigo contándoles que llegué bien, que después de todo estoy paseando contenta. 
Nuevamente atardece y esta vez Juan aparece con invitaciones a un pub, música en vivo, algunos franceses conocidos que vivieron en Chile, bien, ¡vamos! 
Fue una noche de música ajena, pero de ritmo agradable yo observé tanto como pude, hasta que el alcohol hizo lo suyo me desinhibió de mi timidez, terminé arreglando el mundo en inglés con un francés del que ya ni me acuerdo su nombre, de ahí en la casa la seguimos y luego bajoneando como en los viejos tiempos de la U con Juan. 
Día 3: Me desperté sin reconocer donde estaba y luego de minutos caí en cuenta de dónde, se me apretó el corazón, me puse nerviosa, miré el celular, cero mensaje de Warara, cero llamada. Sin apuro contesté e-mails, trace mi itinerario del día, armé la mochila y emprendí rumbo donde mi viejo amigo René quien me esperaba en su casa con un café. 
Se nos fue el día en la locura colectiva con la que me envuelve René, sus palabras, frases, dibujos… me voy por un súper espacio en dónde veo que todo es posible, todo se vincula, relaciona, asocia entre las causalidades sin casualidades que inclusive me trajeron hasta aquí. 
Entre risas mi celular aparece en escena, nuevamente apretón de corazón, nerviosismo… esta vez sí  era Warara: 
  • - Hola Waloka, ¿Cómo estás de tiempo para que nos juntemos mañana?  
  • - El tiempo está bien, ¿Dónde? ¿Tú bar? 
  • - ¿Te acuerdas? 
  • - Claro que me acuerdo, 
  • - Juntémonos ahí a las 7:30 pm 
  • - Ahí nos vemos, un beso. 
  • - Beso. 
Día 4: El plan no era estar en París hoy, pero bueno vine a lo que vine, ¿No? Me meto el orgullo en mi paciencia y respiro equilibrio y paz, decido irme antes para poder estar sentada y aligerar la tensión con agua, limón y hielo. 
Detrás del vidrio veo lo que me imagino puede ser su silueta, entra, no se da cuenta que yo estoy sentada y saca el celular y me escribe: ¡Llegué!, yo bajo la mirada, las manos me sudan incontrolablemente, me las seco en el pantalón y en vez de contestarle por el celular con voz simpática y una gran sonrisa le digo, ¡Hey! Warara estoy acá, me mira, se pone nervioso, se ríe, nos miramos, nos volvemos a reír y naturalmente nos abrazamos, con un cálido y afectuoso saludo como si nos conociéramos desde hace muchos años… 4 ó 5 quizás. 
Ya sentados me pedí un whisky sour, uno como tantos de esos me tomé virtualmente acompañándolo en el bar, él también pidió lo mismo. La escena empezó con mi percepción de Paris, mis caminatas, circuitos, recorridos, comida, clima y continuamos con su quehacer, mi quehacer en los meses que dejamos de comunicarnos, llegamos a Chile y la política, su dogma, mi paradigma y silencio… un gran silencio.  
  • - Waloka, qué rico verte. 
  • - Sí Warara, esto parece un sueño. 
Más silencio, nos tomamos de las manos y: 
  • - Waloka, disculpa por no contarte antes, todo lo que sentí fue cierto, pero las cosas se complicaron y no pude materializar mi sueño de ir a vivir a Chile, conocerte, tomar chelas con tú viejo, conocer Providencia y estar contigo, obvio. Después del marzaso no me pude estabilizar más… hasta ahora. Al mismo tiempo empecé a dudar más todo, me dio más miedo, también pesó pensar en dejar solos a mis viejos. 
  • - Warara, ¿Desde cuándo estás saliendo con esta chica? 
  • - Desde hace varios meses atrás 
  • - ¿Desde cuándo? ¿Ella es la chica con la que salías cuando nosotros empezamos a hablar? 
  • - Sí, es ella 
  • - Warara, entonces siempre estuviste con ella… 
  • - No, todo lo que te conté era cierto, sólo que luego volvimos. Ahora estamos con altos y bajos, pero sí, seguimos. Yo no la amo, no siento por ella lo que siento contigo, pero la quiero mucho, ella también a mí y pronto nos vamos a vivir juntos.  
Yo no sé como él estará viendo mi cara en este minuto, pero por dentro siento rasguños y vidrios rotos rasgándome lentamente, nuevamente veo nublado, me duele el estómago, espero no se me note. No sé qué más hacer, no sé qué más decir, podría pararme e insultarlo por su mentira, su gran mentira, pero pareciera como si estuviera anestesiada y estuviera imposibilitada de enfurecerme, me desconozco. 
  • - Waloka, mañana me pedí el día libre, quiero mostrarte el barrio de St. Denis del que tanto te hablé. 
  • - Warara, estoy helada, ¿Cómo se te ocurre pensar que podemos hacer algo juntos después de lo que me cuentas? 
  • - Waloka, mucho haces con hablarme, es verdad, pero vamos, quiero mostrártelo, sé que la vamos a pasar bien.  
  • - Sí, seguro que sí, pero no quiero impregnar mi percepción de París con tú imagen. Es probable que vuelva muchas veces y no quiero odiar esta ciudad por saber que vives en ella, que eres de ella… 
  • - Waloka, ¡vamos!. 
Mi autoestima vociferaba pero ensordecida por mis actos involuntarios a las 10am del día 5 lo saludaba cálidamente en la estación de metro que nos llevaría hasta Saint Denis. Hablamos de lo humano y lo divino, conectamos historia, vinculamos "glocalidades" y nos sumergimos en la realidad del barrio de Saint Denis. Almorzamos kebabs, cerramos la jornada con chelas muertos de la risa como dos pendejos y camino al metro me dice: 
  • - Waloka, ven a mi apartamento, quiero que lo conozcas.  
  • - No lo quiero conocer, después de todo por su culpa tú y yo no estamos juntos, si es que parte de lo que contaste hace más de un año atrás era verdad.  
  • - Claro que era verdad, me carga cuando te haces la víctima, creyendo que yo no me enamoré, que te quise, que te quiero y que tengo que terminar gritándote, por eso te dejé de hablar.  
  • - Lo siento, pero como veo todo ahora se me hace muy difícil creerte. Nunca terminaste con tú polola, nunca fuiste Chile, de un momento en adelante no quisiste que nos viéramos o habláramos más por skype, con cada palabra tuya saco mis conclusiones, y despego la venda que me ha tenido cegada en querer olvidarme de  la mejor historia de amor de la que yo misma era protagonista.   
Cambio de anden, subir, bajar escaleras en silencio… como dos ajenos, los dos ajenos que somos compartiendo un espacio-tiempo en el metro de París, queda una estación para cambiar a la línea que me lleva a la casa de Juan, Warara finalmente se decide hablarme:  
  • - Entonces, ¿Vienes? 
  • - No Warara, gracias por este día, por los buenos momentos, por Silvi, por las historias de Peter, trataré de odiarte poco porque eso significaría que te sigo amando, fue un placer conocerte a pesar de todo. 
Sin titubear me bajé, no miré para atrás, los ojos se empezaron a rebalsar, siento tristeza y una desilusión que rompe galaxias, me siento a esperar el otro tren con la cabeza apoyada en mis piernas secando mis lagrimas acogida por mis brazos cuando en mi espalda siento su cuerpo envolviéndome y me doy cuenta que es él abrazándome, no hago el intento de quitármelo de encima, tampoco me levanto para mirarlo, no quiero me vea, mi autoestima está lo suficientemente humillada con esta situación. 
  • - Waloka, está bien si no quieres ir a conocer mi depto. , pero no nos separemos así, es mucho el amor que te tengo, entiendo que no me creas, es bastante lógico.  
  • - Es que si no es lógico esto que pienso entonces eres un cobarde, ¿Cómo dices que me quieres como me quieres y en todo este tiempo siquiera fuiste capaz de ir a Chile?  
  • - No te das cuenta que no tengo ni un colchón para llegar, no puedo en este momento seguirte.  
  • - ¿En este momento? Esperas que haya un momento apropiado ¿Cuándo? ¿Cuándo yo esté casada con hijos? ¡Eres un cobarde!  
  • - Waloka, salgamos y caminemos, lo necesitamos.  
Es verdad que caminando se toma aire y se calma el corazón, al mismo tiempo pienso que es seguir extendiendo el dolor. 
Nos apoyamos en una baranda mirando el Sena, empezó a hacer más frío, yo empecé a temblar, él me abrazó, yo tímidamente también lo abrace, nos miramos a los ojos, estaban aguados y nos besamos con sabor a lagrimas saladas, era nuestro primer beso. 
No sabría decir si antes de eso todo fue mejor o peor, tampoco fue una decisión, fue nuevamente un acto involuntario, el imaginario tenía piel, olor, textura y sin pensar ni juzgar empezó a despertar el deseo luego de ese beso tierno, nos descontextualizamos de la ciudad y como dos animales en celo empezamos a sentirnos sin vergüenza de las miradas ajenas puestas en nuestra escena.  
Sus manos me rozaron con mucho deseo, mis pantalones desabrochados sorpresivamente para dejar entrar entre mis piernas sus dedos, al mismo tiempo yo lo tomaba fuertemente, estaba poseída, sólo quería tenerlo ya mismo dentro de mí casi lo hicimos, pero paramos y nos matamos de la risa, caímos en conciencia del lugar donde estábamos que nos impedía probar abiertamente nuestra piel.  
Sin preguntas tomamos un taxi, sin cuentionamientos cruce la entrada del edificio, en el ascensor nos arrebatamos, como pudo abrió la puerta y en la entrada nos despojamos de toda la ropa, yo húmeda entera lo acogí con cariño, él erecto y tierno me penetró mirándome a los ojos, gemimos con el calce perfecto hasta desvanecernos con el placer de ambos. Abrazados y risueños llegamos a su cama, nos abrazamos y dormimos un rato para luego empezar una nueva batalla. 
Pasó un día entero de encierro, sin comunicación con el exteriordescontextualizados, atemporalizados, amándonos sin freno.  
Disfruté tanto cuanto pude, lo disfruté… sé que me engañó, sé que me mintió, se que algunas cosas si eran ciertas, ciertas como lo que siento por él otras no son más que una construcción de basura humana… basura humana a la que le creo, pero de la que me tengo que alejar, su humanidad no dimensionó ni dimensionará la huella que dejó en mí, esta gran desilusión e incredulidad en eso que llaman: AMOR. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Luna

María Cristina

  En ti sana la tatarabuela de historia desconocida, Sana la bisabuela el miedo a su marido, Sana la abuela el desprecio de su padre,...