4:00 am, en mi sueño a lo lejos escucho el tirirí del whatsup, no pesco, se que viene sonando desde hace rato. ¿Cómo no entienden que si una vez abrí mi puerta era porque yo también estaba caliente?, ¡pero ya! ¡Fue ese día no más!. Sí, si, es verdad... Una noche caliente la pasamos bien, jaja... ¡pero calabaza! ahora cada quien para su casa.
Me molesta porque me cuestiona mi dualidad... La Maite que decidió abrirse a la liberación sexual y la Maite que no se saca las palabras de su madre: "oye, pero si el sexo no es deporte", !ja! ¿Por qué me habrá dicho eso? Sé que no me lo decía por cartucha, más bien porque intuyo que en su interior guardaba una dualidad más grande que la mía.
Sexo, amor, placer, salud... Por ahí van las palabras que componen la raíz de la duda.
El sexo con amor estoy segura puede ser uno de los placeres más grandes de la vida, pero de un momento a otro me quedé sin amor y por consiguiente perdí el placer, era más bien un acto deportivo bastante vacío, sin embargo, no perdí la fe y empecé a hacer grandes esfuerzos mentales por concentrar mi energía allá abajo y distraer mi mente de reflexiones del vacío en el entra y sale. El esfuerzo lograba orgasmos finalmente, mmmm si, mmmm no tan mal.
Así pasaron varios, hasta que llegó él, el pene que junto al movimiento y posiciones de su dueño logró romper el mito, ¡¡SI!! es posible tener sexo sin amor y sentir un desbordante placer.
Él sabe lo que hace, dedicación en cada zona erógena, ternura, provocación, provocación,¡provocación! hasta gritar y suplicar: "penétrame por favor" ... ¡Innegable! ¡Me encantó! Pero... Tras un leve síntoma de infección después del encuentro furtivo, salen los alaridos de mi mente: "el sexo no es deporte", "hay que cuidarse porque una guagua es lo más lindo que puede pasar", sarcasmos de mi madre para protegerme de las transmisiones sexuales, que con lo miedosa que era de seguro la idea de que podía pasarme le tenía perturbada la cabeza.... y de ahí la culpa, el miedo y esta inmensa dualidad entre mi liberación y protección sexual.
Sin embargo el sexo es como una droga, la pruebas y difícilmente la puedes parar una vez que encuentras aquel pene que se posiciona en tú nicho con un calce perfecto. Fue así como luego de hacerme la difícil por varios meses ahogué a la Maite decorosa y di rienda suelta a mi Maite erótica.
Decidida salí una noche de verano en Santiago, linda y sexy, entallé mis curvas, acentúe mis atributos con delineador y me coloqué accesorios categóricos. El atardecer era maravilloso, el ambiente se desbordaba en erotismo, la Maite cartucha pretendía hacerme tropezar a cada instante, juzgando, criticando, cuestionando ese ambiente libertino, superfluo. ¡Basta!! Nada de eso importa ahora.
Don calce perfecto llego al evento, con su estratégica mirada y posición de manos pero no precisamente en mi cuerpo, él simplemente hacia su desplante rutinario con una y con otra... De reojo pude darme cuenta que ninguna de ella lo tomaba en serio, sin embargo yo sabiendo lo que sabía y a lo que iba decidí encararlo, fue un rico reencuentro entre dos labios que se conocían, la pasión desbordaba mientras las luces del final de la fiesta nos encandilaban.
Ya en el auto, con un poco más de privacidad la sinceridad corporal nos tenía poseídos, yo gemía mientras él suave y tiernamente me recorría una vez más.
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