Camila, La historia de los 3 finales

De la siguiente historia todas tienen mismo inicio pero distinto final... todas sucedieron, ninguna es mentira, todas tuvieron lugar en el espacio indeterminado por la energía del aquí y el ahora, ese sentir efímero que por una extraña razón transciende con ciertas personas por sobre los desencuentros de la trampa mental del pasado y las especulaciones del mañana.

Historia 1

Era un día cualquiera de verano empezando la rutina en la oficina, no esperando nada, cuando de repente irrumpe un mensaje de Facebook de un desconocido, de esos que como enseñó mamá nunca debería responder- "¡no hables con desconocidos!"-, pero su foto de perfil era atractiva y mi vida estaba bastante monótona.

El mensaje sonaba a inocencia, entre las cosas extrañas que decía... y ¡por suerte! mencionó que conocía a una de mis mejores amigas; más tarde le pregunte a ella y efectivamente lo conocía, me dijo: -hay dale, contestale, pa´cachar qué onda po-, le dije: tú creis???, -si, weona dale- y eso hice.

De la primera respuesta que dí hasta menos de 30 días ya teníamos una vida armada, empezó como como el mar cuando succiona la arena antes que empiece el tsunami... sentía con el pasar de los días algo en el pecho, como un suspiro de impresión que se acrecentaba y me dejaba vacía. Por la forma que me hablaba sentía que llevaba mucho tiempo investigándome, eso me dio miedo, pero mi única confianza era que lo conocía mi amiga quien me aconsejó que le hablara y así bajé la guardia y me dejé llevar.

Muchos temas en común, mucha conversación entretenida, muchos juegos, muchas risas con la singularidad que nos separaba el Atlántico, yo más cerca del fin del mundo y él del viejo continente. No sé cómo pasó, pero pasó, no dábamos más de pasión, entrega y cariño, simplemente nos amábamos, sentíamos como que nos conocíamos de siempre... podíamos estar horas enteras cada uno frente a su pantalla viendo o escuchando al otro, nos conectamos por todos los tipos de programas para facilitar la comunicación y de acuerdo a la actividad del día pasábamos de MSN a chat-Gmail, Facebook, Skype, whatsApp, etc. Dimos literalmente la vida al otro en 30 días.

Finalizado esos 30 días la rutina pesó más que los sentimientos, al no haber contacto físico, ni tener los mismo horarios se empezó a generar distancia y con la distancia las promesas quedaron en el olvido. Él me dijo que estaba decido a darle un vuelco a su vida, que Chile era su lugar en el mundo y que por eso viajaría a hacer un viaje exploratorio con la idea de más tarde quedarse acá, segunda razón por la que me dejé llevar, la historia tomaría más cuerpo y realidad porque nos íbamos a ver muy pronto.

Ese pronto nunca llegó y quedé colgada, literalmente un tsunami había trastocado mi alma, mucho rato haciendo apnea para sobre vivir, me cuestioné a mi misma cómo permití dejarme vulnerar así, cómo tan inocente de creer que todo lo lindo que hablamos podía ser verdad.

No aguante más y para mi cumpleaños me regalé un pasaje para ir a verlo, no sabía si contarle, hace bastantes meses atrás que habíamos dejado de hablar, pero mi intención era abrir o cerrar el capítulo corroborando que era real.

Llegué a París y lo llamé desde un teléfono público.

- Hola, ¿Cómo estás?
- Camila, ¡qué alegría escucharte! estas en París?
- Dean, sí, vine a París
- (suspiro) ¿Dónde estás?
- En casa de un amigo, en la Villette, ¿Te parece si nos juntamos?

Cuatro horas más tardes con un abrazo estremecedor nos encontramos a la salida de un metro, nos miramos, nos reímos, nos olimos como perros y abrazados avanzamos sobre las calles, todavía no nos dábamos un beso, cuando de la nada me tropecé, me ayudó a enderezarme, me tomó por la cintura y me acercó a su pecho, por primera vez sentí sus labios, el corazón se me salía y de lo tierno pasamos a encendernos en muy poco tiempo y no importó el lugar... como dos locos apasionados nos entregamos el uno al otro, en cualquier pasaje, en cualquier lugar... la historia estaba destinada a la felicidad.

Historia 2

Era un día cualquiera de verano empezando la rutina en la oficina, no esperando nada, cuando de repente irrumpe un mensaje de Facebook de un desconocido, de esos que como enseñó mamá nunca debería responder- "¡no hables con desconocidos!"-, pero su foto de perfil era atractiva y mi vida estaba bastante monótona.

El mensaje sonaba a inocencia, entre las cosas extrañas que decía... y ¡por suerte! mencionó que conocía a una de mis mejores amigas; más tarde le pregunte a ella y efectivamente lo conocía, me dijo: -hay dale, contestale, pa´cachar qué onda po-, le dije: tú creis???, -si, weona dale- y eso hice.

De la primera respuesta que dí hasta menos de 30 días ya teníamos una vida armada, empezó como como el mar cuando succiona la arena antes que empiece el tsunami... sentía con el pasar de los días algo en el pecho, como un suspiro de impresión que se acrecentaba y me dejaba vacía. Por la forma que me hablaba sentía que llevaba mucho tiempo investigándome, eso me dio miedo, pero mi única confianza era que lo conocía mi amiga quien me aconsejó que le hablara y así bajé la guardia y me dejé llevar.

Muchos temas en común, mucha conversación entretenida, muchos juegos, muchas risas con la singularidad que nos separaba el Atlántico, yo más cerca del fin del mundo y él del viejo continente. No sé cómo pasó, pero pasó, no dábamos más de pasión, entrega y cariño, simplemente nos amábamos, sentíamos como que nos conocíamos de siempre... podíamos estar horas enteras cada uno frente a su pantalla viendo o escuchando al otro, nos conectamos por todos los tipos de programas para facilitar la comunicación y de acuerdo a la actividad del día pasábamos de MSN a chat-Gmail, Facebook, Skype, whatsApp, etc. Dimos literalmente la vida al otro en 30 días.

Finalizado esos 30 días la rutina pesó más que los sentimientos, al no haber contacto físico, ni tener los mismo horarios empezó a generar distancia y con la distancia las promesas quedaron en el olvido. Él me dijo que estaba decido a darle un vuelco a su vida, que Chile era su lugar en el mundo y que por eso viajaría a hacer un viaje exploratorio con la idea de más tarde quedarse acá, segunda razón por la que me dejé llevar, la historia tomaría más cuerpo y realidad porque nos íbamos a ver muy pronto.

Ese pronto nunca llegó y quedé colgada, literalmente un tsunami había trastocado mi alma, mucho rato haciendo apnea para sobre vivir, me cuestioné a mi misma cómo permití dejarme vulnerar así, cómo tan inocente de creer que todo lo lindo que hablamos podía ser verdad.

No aguante más y para mi cumpleaños me regalé un pasaje para ir a verlo, no sabía si contarle, hace bastantes meses atrás que habíamos dejado de hablar, pero mi intención era abrir o cerrar el capítulo corroborando que era real.

Cuando le avisé que iba no se alegró, todo lo contrario, fue un gesto de silencio, de escuetas palabras que denotaban su malestar. Yo me sentí mal, pero valiente, después de todo, París es una de las ciudades que más me gusta, estaba en plena libertad de viajar allá y ver aunque sea un día si ese hombre era de verdad.

Se acercaba la fecha de vuelo, nunca más hablamos y mi miedo se incrementó, mi valentía se fue a la mierda y algo muy interno me advertía que no debía ir, decidí postergar las fechas y armar de este viaje una escala al sudeste asiático, total ya estaba sola y quería hacer realidad mi sueño.

A los cinco meses tomé tres días de escala en París y le avisé mis nuevas fechas, ya estaba un poco más fortalecida, empoderada por mi viaje al sudeste y me planteé mi visita en París como una oportunidad de disfrute independientemente de lo que pasara, me alojé con un viejo amigo, rememoramos buenos momentos en uno y otro bar, recorriendo calles, callejones, rincones en bicicleta la primera noche. Al día siguiente temprano me fui al Pompidou porque quedamos de encontrarnos a las afueras a medio día, mi ansiada visita a uno de mis museos favoritos perdió relevancia, quería concentrarme en lo que veía y no podía, fue un esfuerzo recorrer cada sala, hasta que salí a la escalera y empece a registrar París desde lo alto.

Finalmente nos encontramos y nos saludamos tímidamente, uno al lado del otro, sentados, éramos dos desconocidos, yo no me atrevía a mirarlo, creo él tampoco me miró, se me secaron los labios y sentía que me ponía pálida, creo hablé muchas cosas incoherentes y de ahí empezamos a caminar y me contó con detalle sobre cada barrio del circuito turístico clásico (yo lo elegí). Fue una interesante y entretenida forma de re-conocer la ciudad, pasamos por distintas escenas: restaurant, calles, parques, bar, pero no nos relajamos en ningún momento, no sentí amor, no hablamos nada de lo que pasó, no hablamos nada muy personal, solo sentí como una sensación de alegría atrapada, de querer más, pero mis defensas en alerta me incitaron a arrancar y así lo hice. El tercer día me desperté pensando por qué huí y le escribí nuevamente para vernos, pero ya era tarde, él huyó más temprano y se fue a las afueras de París, desolada me fuí a llorar a la Sacre Coeur y luego recorrer Montmartre fue una pesadilla, no entendía nada, estaba helada, mi corazón herido.

Más tarde emprendí vuelo a mi sueño,  primera parada, Kuala Lumpur y en una habitación acalorada de una residencia musulmana donde fui a parar me puse el anillo de oro que me regaló mi papá y con una túnica en mi cabeza salí a camuflajearme al ritmo cotidiano de ésta ciudad asiática malamente occidentalizada.

Ese viaje por el sudeste fue un poco más de 20 días, en los que de recordarlos me envidio a mi misma porque me deleité entre las comidas y los paisajes de Malasia, Indonesia, Tailandia, Laos y Vietnam, era uno más extraordinario que el anterior, sin embargo mi felicidad estaba coja, de alguna u otra forma seguía sintiendo el vacío en mi corazón, el problema no se solucionó viajando, el problema estaba en mi interior.

Llegue nuevamente a París para hacer escala de 3 días más y luego viajar a Chile, pero esta vez no me atrevía siquiera a avisarle que estaba ahí, sin embargo lo hice, pero no coincidimos o más bien no quisimos coincidir. En la sala de espera antes de embarcarme le envié un texto doloroso y así continué varios días más incluso desde Chile, decantando lo sucedido y dándole a conocer lo vulnerable que me dejó esta historia, del otro lado solo encontraba silencio, monosílabos, la única respuesta que sentí tristemente más sincera fue cuando me dijo: "cuánto tiempo se debe esperar para ser feliz?"

Hubo amor, pero no el suficiente para dar un vuelco de vida y atrevernos a estar juntos.

Historia 3

Era un día cualquiera de verano empezando la rutina en la oficina, no esperando nada, cuando de repente irrumpe un mensaje de Facebook de un desconocido, de esos que como enseñó mamá nunca debería responder- "¡no hables con desconocidos!"-, pero su foto de perfil era atractiva y mi vida estaba bastante monótona.

El mensaje sonaba a inocencia, entre las cosas extrañas que decía... y ¡por suerte! mencionó que conocía a una de mis mejores amigas; más tarde le pregunte a ella y efectivamente lo conocía, me dijo: -hay dale, contestale, pa´cachar qué onda po-, le dije: tú creis???, -si, weona dale- y eso hice.

De la primera respuesta que dí hasta menos de 30 días ya teníamos una vida armada, empezó como como el mar cuando succiona la arena antes que empiece el tsunami... sentía con el pasar de los días algo en el pecho, como un suspiro de impresión que se acrecentaba y me dejaba vacía. Por la forma que me hablaba sentía que llevaba mucho tiempo investigándome, eso me dió miedo, pero mi única confianza era que lo conocía mi amiga quien me aconsejó que le hablara y así bajé la guardia y me dejé llevar.

Muchos temas en común, mucha conversación entretenida, muchos juegos, muchas risas con la singularidad que nos separaba el Atlántico, yo más cerca del fin del mundo y él del viejo continente. No sé cómo pasó, pero pasó, no dábamos más de pasión, entrega y cariño, simplemente nos amábamos, sentíamos como que nos conocíamos de siempre... podíamos estar horas enteras cada uno frente a su pantalla viendo o escuchando al otro, nos conectamos por todos los tipos de programas para facilitar la comunicación y de acuerdo a la actividad del día pasábamos de MSN a chat-Gmail, Facebook, Skype, whatsApp, etc. Dimos literalmente la vida al otro en 30 días.

Finalizado esos 30 días la rutina pesó más que los sentimientos, al no haber contacto físico, ni tener los mismo horarios empezó a generar distancia y con la distancia las promesas quedaron en el olvido. Él me dijo que estaba decido a darle un vuelco a su vida, que Chile era su lugar en el mundo y que por eso viajaría a hacer un viaje exploratorio con la idea de más tarde quedarse acá, segunda razón por la que me dejé llevar, la historia tomaría más cuerpo y realidad porque nos íbamos a ver muy pronto.

Ese pronto nunca llegó y quedé colgada, literalmente un tsunami había trastocado mi alma, mucho rato haciendo apnea para sobre vivir, me cuestioné a mi misma como permití dejarme vulnerar así, cómo tan inocente de creer que todo lo lindo que hablamos podía ser verdad.

No aguante más y para mi cumpleaños me regalé un pasaje para ir a verlo, no sabía si contarle, hace bastantes meses atrás que habíamos dejado de hablar, pero mi intención era abrir o cerrar el capítulo corroborando que era real.

Cuando le avisé que iba no se alegró, todo lo contrario, fue un gesto de silencio, de escuetas palabras que denotaban su malestar. Yo me sentí mal, pero valiente, después de todo, París es una de las ciudades que más me gusta, estaba en plena libertad de viajar allá y ver aunque sea un día si ese hombre era de verdad.

Se acercaba la fecha de vuelo, nunca más hablamos y mi miedo se incrementó, mi valentía se fue a la mierda y algo muy interno me advertía que no debía ir, decidí postergar las fechas y armar de este viaje un escala al sudeste asiático, total ya estaba sola y quería hacer realidad mi sueño.

A los cinco meses tomé tres días de escala en París y le avisé mis nuevas fechas, ya estaba un poco más fortalecida, empoderada por mi viaje al sudeste y me planteé mi visita en París como una oportunidad de disfrute independientemente de lo que pasara, me alojé con un viejo amigo, rememoramos buenos momentos en uno y otro bar, recorriendo calles, callejones, rincones en bicicleta la primera noche. Al día siguiente temprano me fui al Pompidou porque quedamos de encontrarnos a las afueras a medio día, mi ansiada visita a uno mis museos favoritos perdió relevancia, quería concentrarme en lo que veía y no podía, fue un esfuerzo recorrer cada sala, hasta que salí a la escalera y empece a registrar París desde lo alto.

Finalmente nos encontramos y nos saludamos tímidamente, uno al lado del otro, sentados, éramos dos desconocidos, yo no me atrevía a mirarlo, creo él tampoco me miró, se me secaron los labios y sentía que me ponía pálida, creo hablé muchas cosas incoherentes y de ahí empezamos a caminar y me contó con detalle sobre cada barrio del circuito turístico clásico (yo lo elegí). Fue una interesante y entretenida forma de re-conocer la ciudad, pasamos por distintas escenas: restaurant, calles, parques, bar, pero no nos relajamos en ningún momento, no sentí amor, no hablamos nada de lo que pasó, no hablamos nada muy personal, solo sentí como una sensación de alegría atrapada, de querer más, pero mis defensas en alerta me incitaron a arrancar y así lo hice. El tercer día me desperté pensando por qué huí y le escribí nuevamente para vernos, pero ya era tarde, él huyó más temprano y se fue a las afueras de París, desolada me fuí a llorar la Sacre Coeur y luego recorrer Montmatre fue una pesadilla, no entendía nada, estaba helada, mi corazón herido.

Luego de varias horas de vuelo llegué a Kuala Lumpur y en una habitación acalorada de una residencia musulmana donde fui a parar me puse el anillo de oro que me regaló mi papá y con una túnica en mi cabeza salí a camuflajearme al ritmo cotidiano de esta ciudad asiática malamente occidentalizada.

Ese viaje por el sudeste fue un poco más de 20 días, en los que de recordarlos me envidio a mi misma porque me deleite entre las comidas y los paisajes de Malasia, Indonesia, Tailandia, Laos y Vietnam, era uno más extraordinario que el anterior, sin embargo mi felicidad estaba coja, de alguna u otra forma seguía sintiendo el vacío en mi corazón, el problema no se solucionó viajando, el problema estaba en mi interior.

Llegue nuevamente a París para hacer escala de 3 días y luego viajar a Chile, pero esta vez no me atrevía siquiera a avisarle que estaba ahí, sin embargo lo hice, pero no coincidimos o más bien no quisimos coincidir. En la sala de espera antes de embarcarme le envié un texto doloroso y así continué varios días más incluso desde Chile, decantando lo sucedido y dándole a conocer lo vulnerable que me dejó esta historia, del otro lado solo encontraba silencio, monosílabos, la única respuesta que sentí tristemente más sincera fue cuando me dijo: "cuánto tiempo se debe esperar para ser feliz?"

Yo no quería esperar nada para ser feliz, sabía que serlo era sólo una decisión cotidiana, dejé el trabajo estable y me independice, me apoyé en una terapia psicológica semanal, empecé mi batalla interna... un viaje al centro de mi universo, un proceso largo y tortuoso que recorrí aproximadamente 6 años.

Me descubrí en la creación y la construcción. Los clientes me apoyaban, crecimos sin parar año a año, conocí mis fortalezas y debilidades.

Una energía interna me movía, la meditación calmaba mi ansiedad y a ratos angustia por la incertidumbre económica en un Santiago de Chile que se hace agreste cuando no se tiene plata suficiente. Conocí los verdaderos amigos y descarté las amistades falsas.

Toda la concentración en mi crecimiento profesional desequilibró mi femineidad, olvidé el arte de seducir, estaba más tosca y con expresiones contenidas, me entorpecí, empecé elegir mal, fueron guapos, interesantes, pero por su parte o mi parte no se avanzaba.

Mi negocio creció más allá de mi dominio, un crecimiento exponencial con un mal manejo administrativo que me llevó a la quiebra económica, la crisis me hizo trabajar más de lo que yo misma sabía podía dar, pero mi fuerza y voluntad no se detenía, sabía que podía salir de ese túnel pedregoso, sin embargo el dolor corporal del cansancio me motivo a parar una semana.

Me fui en búsqueda de un reset y cómo siempre acudí al mar donde conocí un excéntrico hombre que me enredó la cabeza, de historias múltiples, de sonrisa perfecta, mirada penetrante que desnuda el alma en un segundo. Intrigante, desconcertante, no lineal, no común, muy atractivo.

Con él todo empieza en un dejar fluir... pareciera que él me reconoce primero, yo lo veo, lo escucho y con miedo observo que es lo que le pedí al universo, pero fue tanto el miedo que opté por la negación, ¡no podía ser! pero por suerte él insistió lo suficiente hasta que me entregué a pesar del desconcierto que me provocaba.

Llegó en el lugar preciso, en el momento perfecto, contando anécdotas increíbles de múltiples aspectos de su vida que me interesaban, traté de ocultar cuanto pude lo fascinada que estaba de conocerlo... dejando como que todo fluya y el destino se encargue del resto.

Mi viaje de introspección y silencio termino en unas vacaciones "all inclusive" y pensando que todo lo lindo no eras más que un amor de verano la linda sorpresa es que él no desapareció y cada día que pasaba me sorprendía gratamente.

De un momento a otro quise amar libremente a mi hombre excéntrico y acompañarnos hasta viejos en nuestros inventos, en los cambios de rumbo de la vida, en cuestionar el porque de las cosas incansablemente, en la música que nos haga cantar y en el silencio nunca incómodo.

Pero el hombre excéntrico con el pasar del tiempo fue nuevamente empañando mi seguridad personal, una alerta intuitiva planteó el tema en varias conversaciones difíciles que sólo sacaron a la luz lo que mi intuición alertaba.

Fue duro terminar con él, pero el hombre perfecto, aquel que pedí al universo mostró el peor de los defectos que puede tener un hombre, tratar mal psicológica-mente a una mujer y mostrar una veta agresiva y despectiva de las pasadas generaciones masculinas en que las mujeres con tal de estar acompañadas aguantaban y aguantaban sin detener  un proceso de involución del autoestima.

En mi caso cada bofetada que me dio con sus agresivas palabras me fortaleció, mientras más me hería, más crecía, lo empecé a ver con compasión, me di cuenta de lo enfermo de su alma, una niñez ruda que lo dejó con una inteligencia emocional paupérrima, lo quise acompañar, lo apoyé hasta donde más pude y un día sin tolerar ya si quiera su tono de voz dije basta y preferí seguir amándolo en silencio, distante y rezando por él intensamente para que trasmute su rabia y sane sus heridas porque no es un mal hombre, es simplemente un hombre enfermo del alma.

Y así una vez más concentré mi energía en hacer todo los que me gusta, ordené mi vida económica, mi primer negocio mutó, abrí un segundo negocio y me contrataron para desarrollar un proyecto que me apasiona, volví a dibujar, volví al mar, volví a bailar y volví a escribir, me dije chao rabia, chao pena, ¡Bienvenida Felicidad!

Un día listé todas mis metas, entre ellas seguir mi libro: "Nosotras, Vosotras, Ellas", pensé en los capítulos, las historias, los nombres....y me fui en búsqueda del mensaje primitivo de Facebook para tener de contenido el anécdota amoroso más freak de mi vida. Busqué cómo empezó todo y de ahí no pude parar más, fueron 5 días intensos reviviendo todas las conversaciones, lo había olvidado, lo había bloqueado, lo había ahogado y releyendo me enredé, no pude seguir escribiendo, estaba sorprendida, lo que pasó no podía ser mentira, había mucha emoción, mucho sentimiento, la sensación de estafa que me incomodaba ya no era tan protagónica, por el contrario, sólo quería hablarle de nuevo... pero me contuve, opté por "incitarlo fuertemente" tal como me dijo que lo deberíamos hacer.

Paralelamente empecé una rutina de meditación y yoga más consciente, corregí mi pedido al universo de mi compañero de vida y al pasar un mes, esta vez por "WhatsApp", me dice "Hola".... sólo cerré los ojos y dije ¡por fin!

Esto da para pensar...

Apareció confesando sus miedos y su torpeza por como se dio todo, reafirma que no fue mentira y yo sólo doy las gracias.

Con seguridad hoy digo que la rabia y la tristeza ya la dejé atrás, mi felicidad hoy no depende de nadie más que de mi misma, hablarle hoy simplemente me hace bien y confiaré hasta que se demuestre lo contrario, me anclo sólo al presente adiós expectativa. 





Luna

María Cristina

  En ti sana la tatarabuela de historia desconocida, Sana la bisabuela el miedo a su marido, Sana la abuela el desprecio de su padre,...