Luna se lanza a la aventura como en sus sueños de niña atraída por el mundo oriental sin explicación alguna.
En sueños, despierta o dormida, siempre tiene en su mente ese paisaje de montaña y neblina, los arrozales, jardines japoneses, kill bill, las dagas voladoras, libros, películas... la playa de “La Playa”. Una colección de imágenes que decidió no hacer esperar más y traerlas a la realidad con un viaje al Sudeste Asiático.
Pese a ser un sueño pendiente, la decisión de ponerle fecha fue casi un hecho fortuito después de una pena de amor con un pasaje en mano que no se quiso dar por perdido.
Era su viaje, su merecido y soñado viaje, pero que nace no siendo de ella sino como consecuencia de un giro al rumbo de su vida, sin ser tan cliché se planea tipo "comer, rezar y amar"... ¡Qué basura!
Dos de sus pilares se quebrantaron de tal forma que apretaron los ovarios lo suficientemente fuerte para sacar el coraje de hacer el viaje: inestabilidad emocional y laboral, sin duda son aspectos que ayudan a hacer más ligero el viaje y estar receptivo a los momentos felices que entrega el día a día, pues del futuro no se sabe nada... experiencia aprendida.
Tulio, su gran amor adolescente le ayuda a definir prioridades del viaje, él hace un par de años también tras una pena de amor decidió recorrer Thailandia y Camboya. Conoce bien a Luna, así que le da buenos tips para que ella se sienta segura de su aventura, recordándole de dónde viene y qué ha hecho. Todo esto porque Luna pese a su valentía no se siente muy segura.
Pasajes aéreos, itinerarios, templos, playas... Meditar, meditar y más meditar, con el corazón apretado la sincronización de ansiedad viajera, aventura y dinero.
Las imágenes de su cabeza empezaron a tener nombre, los arrozales ya eran lugares, la playa de “La Playa” supo que llamaba ko Phiphi. Supo además que gran parte de los países que visita sufren de la misma desidia que su Latinoamérica querida colonizada y domesticada por imperios.
La preparación emocional para hacer esta travesía con los días tuvo un fortalecimiento exponencial, una seguridad y credibilidad en sí misma que la hacía parecerse mucho a esa niña de 15 años que se quería comer el mundo y que sabía que tenía todas las de ganar para hacerlo.
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